Crisis del siglo XVII en España


Introducción

Esta crisis no fue un fenómeno exclusivamente español. Se produjo en toda Europa y en América antes que en España. Se dio con más fuerza en los países mediterráneos y en los estados alemanes.
Las causas varían de una a otra nación, pero en general la decadencia se debió a dos factores fundamentales. Los enormes gastos de la política de los reyes absolutos y malas cosechas debidas a cambios climáticos. Hay también grandes epidemias que fueron el resultado de las malas cosechas y las guerras. La historiografía tradicional la resaltó para revitalizar la dinastía borbónica del XVIII frente a la decadencia de los Austrias del XVII. Pero fue anterior al XVII y va habiendo una recuperación con Carlos II.

S La crisis demográfica del siglo XVII. La expulsión de los moriscos


En el XVII la población española sufre un descenso, pasando de ocho a siete millones de habitantes. Causas: víctimas de las continuas guerras -que, además, retrasan la edad de los matrimonios-, fuerte emigración a América -pero “unos centenares de pasajeros en cada flota no podían tener mucha repercusión a escala nacional”, Antonio Domínguez Ortiz en “Hª de España” de Hª 16, nº 7, pág. 48-, aumento del clero de ambos sexos –3% de la población absoluta según Domínguez Ortiz- expulsión de los moriscos –300.000-, epidemias. Tres de estas epidemias fueron particularmente graves: una a fines del XVI y otras dos en el XVII –una entre 1648-54 y otra entre 1676-85-. Las zonas más afectadas por estas epidemias fueron Andalucía y Levante y afectó más a los pobres, pues los ricos podían refugiarse en sus casas de campo.
Cataluña conoció cuatro pestes en este siglo, que se sucedieron a intervalos de 25 años. La despoblación fue mayor en la Meseta por circunstancias socioeconómicas generadoras de tendencias emigratorias. Sólo Madrid va aumentando su población por ser la capital de España. Castilla va perdiendo su predominio demográfico en beneficio de la periferia.
Repetimos íntegramente lo dicho anteriormente sobre la expulsión de los moriscos:
Con los RR.CC., tras la toma de Granada, fueron bautizados a la fuerza.
En 1568, durante el reinado de Felipe II, tuvo lugar la Rebelión de las Alpujarras, con el resultado de la dispersión de los moriscos granadinos. El problema se extendió a otras regiones de España. Aumentó la intolerancia hacia la minoría morisca. Pese a las conversiones forzadas, seguían con sus costumbres y religión islámicas.
La expulsión, por tanto, aseguraba la unidad religiosa.
Existía, por otra parte, el temor a que ayudaran a los enemigos de España: piratas turcos, bereberes, e incluso a franceses.
Su aumento demográfico estaba siendo mayor que el de los cristianos viejos, existiendo el peligro de que en ciertas regiones se convirtieran en dominantes.
En 1609, durante el reinado de Felipe III, se decretó en España la expulsión de los moriscos de los reinos de Aragón y Valencia, así como de la Corona de Castilla, acusados de seguir practicando la religión musulmana a pesar de su forzada conversión, y de colaborar con los piratas turcos y bereberes en el Mediterráneo. Pero también podría radicar en el deseo de la monarquía de demostrar su fuerza en el interior, para compensar la imagen de la inactiva política pactista exterior. Hay que citar también el odio popular contra ellos. Se comenzó con los de Valencia, que se sublevaron y se les reprimió con dureza, después con los de Murcia y Andalucía, más tarde los aragoneses.
Las consecuencias fueron nefastas, sobre todo para Aragón. 300.000 moriscos aband